Buscar este blog

lunes, 2 de mayo de 2016

Dulce sueño de otoño


Cuarto capitulo de este sueño que tuve, luego convertido en historia y ahora redactado.

Capítulo IV




        ¿Cómo la iba a llamar?
        No lo pensé mucho, tenía que irme y buscarla ahora que sabía dónde estaba, más o menos. No importaba lo que me reclamaran, esto era más importante. Y si lo hacían podría arreglarlo mas tarde. Sin embargo me dio tiempo de decir algo, y eso ya es bastante, pues no pensaba en absolutamente nada más que ir a por su número. Ya con decir cualquier cosa era menos dramático que irme en silencio.
        — Tengo que salir. Ahorita vuelvo.
        — ¡Oye! —gritaron ambas.
        Corrí y recorrí los pasillos tratando de buscarla paro aun así tratando de no ser demasiado obvio. Caían miradas sobre mí, todas con un aire de perplejidad y sospecha, no es para menos, estaban viendo una persona rara y alterada tratando de disimular su ajetreo, en busca de una mujer perdida.
        Ya cansado y sin esperanza me recosté en una vidriera. Descansaba por el estrés que me causó la inquietud de no poder encontrarla, y por otro lado analizaba y recomponía mis ideas.
        <<¿Donde diablos está? ¿Como maldita sea la voy a llamar? ¿Se habrán enojado mis compañeras? ¿Me regañarán? No, no creo ni que fuera un niño y me tuvieran que cuidar. Aunque quizá no era la mejor manera de dejarlas; ¡Diablos! Pero bueno tengo que volver. Puede ser que vea a Eva más tarde. Aunque si no lo hago, un día de espera no debería matarme. Lo está haciendo, pero no debería>>
        Me levanté pensando en regresar al trabajo, con mis ánimos bajos y pensando que tal vez no la vería en todo el día y mi escape había sido en vano.
        Pero cuál sería mi sorpresa al ver que estaba justo frente a mí y detrás al mismo tiempo. Si, no fue hasta que vi el espejo frente a mí, que logré descubrir porque a pesar de tanto esfuerzo no había encontrado a esa preciosa mujer.
        Ella cumplía una función de maniquí. No tengo idea de a quien se le ocurrió semejante cosa pero me gustó. Puedes ver cómo queda la ropa puesta sobre una persona de verdad, es muestra también de la calidad de la ropa, porque no debería molestar la piel de la modelo si va a estar ocho horas usándola. Me estoy desviando.
        Una vez que la hallé no había nada más fácil que pedirle su número y vivir felices por siempre.
        — Oye Eva, me da pena pero no tengo tu número. ¿Me lo puedes pasar?
        No me contestó. Y sé que si era ella y no un maniquí porque podía ver  como su vientre se inflaba y desinflaba a causa de su respiración. Además de los ligeros movimientos de cansancio.
        — Eva. Hazme caso es solo un segundo. No te toma nada de tiempo y si pasa algo yo asumiré la culpa al fin y al cabo soy miembro gerencial, supongo que he de tener ventajas en ese caso. Aunque ahora que lo pienso en realidad no sé, no sé de que soy capaz y de que no, ni como tengo este puesto. Después lo averiguaré, por el momento concentrémonos en tu "fono".
        Nada de nada, seguía concentrada y me ignoraba.
        — ¡Evaaaa!
        *knock *knock
        Golpee el vidrio impulsivamente. Esto hizo que Eva por fin se moviera, aunque fuera simplemente para mover su brazo indicando hacia el letrero de "No golpee el vidrio"
        — Demonios Eva todavía no llevamos ni una hora y ya tenemos problemas de comunicación. Aunque ahora que lo pienso tampoco me dijiste que si querías ser mi novia. Si no es así esos besos me confundieron mucho. Diablos ya se perdió la magia de aquel momento. ¡Respóndeme!
        *knock *knock *knock *knock *knock *knock
        En ese momento si volteó, con cara de enojada, y de desconcierto al mismo tiempo combinadas en una sola expresión. Recién había dado una orden y el cliente la ignoró. Pero al ver que era yo desesperado, todo su ser cambio súbitamente a una tímida sonrisa.
        Me mandó un beso que me dejo mal parado y me debilito el temple. Sin embargo yo seguía decidido. No estaba conforme sin una respuesta definitiva y necesitaba saber que había entre nosotros; si había un nosotros.
        — ¿Eres mi novia?
        No respondió.
        — Que si ¿somos pareja? —reitere
        Me hizo una mueca como de "¿qué?"
        No había otra forma más que hacerlo grafico. Puse mi pulgar en mi pecho, la señale y después alcé las palmas de mis manos. <<¿Yo y tú qué?>>
        Lo único que ocupó hacer ella fue sonreír, bajar la mirada y al levantarla hacerme la seña del corazón.
        Traté y traté y casi el vidrio derrumbé, pero por más que intentaba no sabía los ademanes para preguntar el numero de una muchacha. <<A lo mejor soy tonto>>
        Ella por su parte fue bastante hábil para indicarme que me fuera rápido, que tenía trabajo y que la podían regañar. No me iba a poner a discutir con alguien con quien no podía hablar y que recién me había encantado con su sonrisa.
        — Espérame al salir Eva
        Lo dije con la esperanza de que entendiera. Y me fui corriendo a trabajar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario