Capítulo V
Después de mi anterior escapada y de mi raro juego del teléfono descompuesto con Eva, había regresado con mis compañeras, las cuales no se veían nada contentas.
— Gracias por la ayuda. —Me apuntó Adelfi
— Simón, jalas con madre Andrés. —Recalcó Gaby
— Perdón chicas estaba ocupado. ¿Les ayudo en
algo más?
— Nembre, ya acabamos. Vete a sentar.
— Eh, pero a la otra la haces tú sólo. —Dijo
Gaby jugando
— Si. —Respondí yo
— No, no pasa nada. Pero no te vayas así,
"bien recio"—Dijo Adelfi tratando de calmar la situación.
— Oki Adelfi. Como quiera el
siguiente trabajo lo hago yo solo. —Ya me había comprometido un segundo atrás y
no me iba a retractar.— Ustedes ya me ayudaron mucho. ¿Quién las quiere? ¿Quién
las keye?
Respondieron las dos al unísono— tú — mientras
las abrazaba.
Después de eso ya prácticamente no tuvimos
nada de trabajo en el día, más que organizando y rompiendo papeles.
Un trabajo tranquilo ese día, con un ritmo,
pesado y lento. Puede estar bien para los demás pero prefiero ambientes donde
se esté más didáctico y en movimiento, de esa manera evito pensar en tantas
pendejadas.
Con el ritmo lento no podía dejar de pensar en
ella, en su mirada, su sonrisa, sus sabrosos labios y lo suaves que se veían
sus pechos a través de su blusa <<espera; si yo la quiero bien y no
simplemente como un objeto. Debería dejar de pensar en cosas como sus pechos,
su cintura o su cuello.
Me pregunto ¿Estará mal pensar en su cuerpo
desnudo acariciándose con el mío? ¿Estará mal querer besar cada centímetro de
su hermosa y suave piel? ¿Jugar con hielo mientras lo deslizó por las partes más
sensibles? ¿Bañarnos juntos? ¿Acariciar sus muslos justo para después besarlos?
¿Morderla? O ¿Besar su cuello despacito, al mismo tiempo que poso mis manos
detrás de su cintura, bajando tranquilamente para tocar su trasero?>>
Divago, imagino y me pongo a filosofar conmigo
mismo durante las largas y pesadas horas que estuve trabajando, diciendo y
contradiciendo sin llegar a ninguna conclusión y olvidando todo tan pronto
pienso en otro tema.
— Ya vámonos —dijo el gerente— ya son las doce
terminen todo y pásenmelo.
— ¿Ya son las doce?
El tiempo tiene una manera muy cruel de jugar
conmigo. Las primeras tres partes van lento cual caracol y la ultima tan rápido
que no me pude percatar. Todos ya deben haber salido. Y yo que pensaba salir un
momento a las 11:30 y decirle a mi amor que me esperara. Ahora no tengo opción
más que rezar que haya captado mi mensaje anterior.
— Aquí está todo. —Dije mientras me iba— Nos
vemos mañana chicos.
— Adiós. — Respondieron con desgana.
Busco por donde puedo pero no hay nadie. Sin
esperanzas pregunto a su encargado.
—Beni, ¿Y tus muchachos?
— Ya se fueron.
— ¿Todos? —le insistí arqueando las cejas
— Si, todos. Yo ya también me voy, ya es hora.
¿Por qué? ¿Esperabas a alguien?
—No, déjalo.

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