Capítulo VI
Pensé en ella toda la noche. Trataba de dormir pero no podía, hacía calor, me incomodaban las almohadas, las manecillas del reloj sonaban, la casa entera se movía.
Creo que la razón principal por la que no pude
dormir, era este maldito cerebro que no se queda tranquilo y titubea sopesando
multitudes de escenarios y posibilidades. Todas aquellas cosas que podríamos hacer
juntos, cualquiera que ella quisiera, si lo hiciera. Ir al cine, pasear por el
parque, asistir a eventos que abarquen desde lo sencillo hasta lo elegante y
sofisticado. Cenas caras o baratas, partidos deportivos o actividades artísticas,
platicar, o acurrucarnos me daba igual que fuéramos a hacer pero me gustaba
imaginarlo.
Aunque del mismo modo también me preocupaba
por donde estaba y que se encontraba haciendo, tratando siempre de conservar la
calma y no ponerme paranoico.
En mi mente invadían los más horribles sucesos
posibles y mientras yo intentaba evadirlos o bien concentrarme en contrarrestarlos
o solucionarlos.
Antes de tener si quiera la primera cita
llegue a pensar en situaciones que no se deberían predecir, tales como la posible
ruptura, una boda, un engaño, que fuera gay o incluso su muerte. Estos divagues
no hacían más que alterarme, emocionarme o ponerme en un modo de ansiedad inexplicable.
Pero no iba a dejar que esto me afectara,
aparte del sueño que ya me había arrebatado. Mi día iba a ser como cualquier
otro hasta el momento que nos cruzáramos, a partir de allí seria como debiera
ser, si salía bien, pues muy bien, y si no, pues no.
Tan pronto comenzó mi día, realice mi rutina
como si nada pasara, más distraído de lo normal. Con mi cerebro y mi corazón inquietos
percibía solo trozos de conversaciones con las personas que hablaba y eran
escasos mis momentos de interés en sus tópicos, estaba más interesado en lo que
seguía por pasar.

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