Buscar este blog

lunes, 18 de abril de 2016

Dulce sueño de otoño


Tercer capitulo de este sueño que tuve, luego convertido en historia y ahora redactado.

Capítulo III


         No voy a mentir, era lo más bonito que me habia pasado, y se sintió tan real, aunque solo haya sido un sueño.
         En cuanto dejamos de besarnos nos volvimos a mirar, tratando de asimilar la situación, pero por más que siguiéramos razonando e incluso si discutíamos lo que pasó, no llegaríamos a comprender la naturalidad con la que estaba sucediendo, y no ocupamos ni hablar para saber que no tenía caso indagar más, simplemente nos amábamos y era suficiente por el momento.
         Por dios, era un maldito cliché y lo sabíamos. Pero aun siendo un cliché era el más bonito de todos, y si tenía que ser así, que así fuera. Lo que viniera después, podría no ser tan sublime, pero este momento lo teníamos, era nuestro, lo íbamos a aprovechar y no a arruinar. Bueno, nosotros no.
         — Andrés, ¿puedes venir? necesito que me ayudes —dijo Adelfi
         No me quería ir, pero me ocupaban.
         — Lo siento, ya me tengo que ir
         — Sí, yo también.
         — Pero, ¿Te llamo luego?
         — Si quieres.
         — No lo dudes ni un segundo.
         Salí de ahí corriendo, no por nervios, ni nada, sino porque corro a todos lados. Y en esta ocasión por las ansias que tenia de terminar de trabajar y poder llamarla.
Era ilógico, pero pensaba, que mientras más rápido terminara de hacer cualquier cosa que fuera a hacer, el tiempo pasaría más rápido y llegaría el momento de mi salida.

         — Que estabas haciendo —dijo Adelfi
         — Nada ¿Por qué? ¿Qué viste? —respondí claramente nervioso
         — No, nada. Tranquilo. Ayúdame a levantar esto
         — Si, pero ¿Qué es?
         — No sé, lo ocupan allá arriba. Han de ser protectores de algo.
         No pregunte nada más, pues la verdad no me interesaba lo suficiente como para investigar que protegían exactamente.
         — Oye Gaby, ¿Qué onda con el bato de la sala cuatro? ¿Te lo echaste o qué?
         — ¡Ady! —la miró Gaby, como pensando “Ahorita no joven. Está Andrés aquí, no digas nada”
         En realidad no me importaba, y me divierte hablar de cosas así, en ritmo de relajo y nada serio.
         Pero me hizo recordar algo. <<Yo creo que no tiene nada que ver uno con lo otro, ni lo primero con lo segundo. Y hablando de temas que son tan diferentes como el agasajo físico y una llamada que, quien sabe pero algún distraído pensara que va a llegar algo más, mírelo que pensante tan descarriado y pervertido. Si yo quiero una tasita de té nomas.>>
         Pero lo recordé, recordé que: ¡No tengo el número de Eva!
       

No hay comentarios:

Publicar un comentario